10nov |
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Escrito por Luis Dorrego
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Categoría: De todo un poco
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Benjamin Britten, el compositor cumbre de la segunda mitad del siglo XX y su ópera de cámara emblemática: The turn of screw, basada en la novela de Henry James, en el Teatro Real, de Madrid. Fui espectador el pasado lunes.
Se podrá criticar el montaje, la producción no es tan “fantasmagórica” como cabría desear con un texto como este, sin embargo la partitura es tan excelente que, por encima de esta debilidad escénica, cala en lo más hondo del oído y de las emociones de los espectadores.
Deseé escuchar la música en una grabación antes de dirigirme al teatro y no pude: Se trata de una partitura dodecafónica nada fácil de escuchar para mi oído, no es lo que estoy acostumbrado a oír como música, es decir, algo más melódico. Y después de varios intentos desistí de hacerme con ella y me dirigí al teatro con desconfianza y algo de temor.
Una pequeña orquesta para una ópera de cámara situada casi al borde del escenario me confundió un poco más aún; yo pensaba que la mejor forma sería entrar en el juego del terror propuesto por Henry James y “meterme” de lleno en la acción dramática sin obstáculos escnénicos y sin ver las trampas del teatro. Por ejemplo, tampoco el escenario conservaba el telón sino que se podía ver el decorado al completo. A veces estos recursos tan “distanciadores” me molestan cuando mi deseo es introducirme en la acción, sentir identíficándome con los personajes, y si esto no lo consigo me pregunto el por qué (desde joven he estado indagando sobre estas técnicas), con lo que me distancio mucho más. Pongo en funcionamiento mi lógica exclusivamente.
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10th nov 2010
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1sep |
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Escrito por Luis Dorrego
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Categoría: De todo un poco, Viajes
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Ya se siente el ritmo de la vuelta al trabajo desde mi balcón.
Anoche los madrileños ya caminaban un poco más rápido que las noches anteriores: un chip interno les hacía ir adecuando su cuerpo al ritmo de la ciudad, al del trabajo. Posiblemente ellos ni se daban cuenta, ni se percataban de cómo inconscientemente su mente les envíaba mensajes al aparato motor para que no les pillara de improviso el madrugón del día siguiente.
Han sido unas semanas de recuperación del cuerpo y de la mente, de un pequeño viaje al sur del país y de un viaje también hacia mi mismo para volver al estado que me permite seguir creciendo y poder seguir devolviendo a los demás. ¿Receta? Música, meditación, paseos… eso si, después de unos días de dejar al cuerpo que recuperara su tranquilidad, es decir, después de permanecer en “encefalograma plano” en el sofá.
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1st sep 2010
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10ago |
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Escrito por Luis Dorrego
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Con la distancia de pocos días he visto sobre los escenarios de Madrid a Ángel Pavlovsky y a Carlos Do Carmo, ambos ya en la setentena. A ambos los recuerdo con su buen hacer cautivando públicos y convirtiéndose en referencia para muchos. Hoy utilizan su habitual foro para añorar tiempos pasados. Sus quejas, mas o menos veladas, se dirigen hacia la ausencia de continuidad en la tradición en la situación actual, cosa por demás bien cierta. Y paradojicamente, yo que fui a verlos con la intención de ver esa tradición no fácil de encontrar, me descubrí a mi mismo un tanto “moderno” y no tan deseoso de escuchar el lamento sobre la pérdida de ese hilo, sino con ganas de ver en qué ha quedado la evolución de su legado, es decir, con las ganas de ver a los que hayan recogido el testigo, tanto como continuarlo como para romper con el.
Ellos dos, amos de la escena, se saben dinosaurios y se resisten a abandonar el tablado sin dejar al público su arte y su sabiduría, con un poso hoy un tanto amargo. Y esa sensación un tanto agridulce, creo que no permite acercarse a los jóvenes que aún podrían llegar a conocerlos, disfrutarlos y seguir aprendiendo de ellos. La impresión que me ha quedado es que, con mucho “oficio” y con poco espíritu, crean distancia entre su trabajo y la audiencia que estos días ha ido a verlos y aplaudirlos.
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10th ago 2010
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