29sep |
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Escrito por Luis Dorrego
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Curso comunicar con éxito I
Este fin de semana comienza una edición de nuestro curso estrella y, con el permiso de Blas Campos y de Ricardo J. Sánchez Cano, me gustaría colgar aquí un artículo que me pidieron para su magnífica revista Supervisión hace ya un año:
El orador líder
Últimamente, tanto en la prensa como en la calle, nadie duda e incluso alaba públicamente las capacidades comunicativas de varios líderes de la política mundial, comenzando por Barak Obama. Artículos periodísticos, reportajes televisivos nos muestran a un presidente de EEUU saliendo al plató de un programa de TV, ¡dando unos pasos de salsa! ¿Alguien se puede imaginar hoy mismo a un político español con la misma desinhibición? ¿O con esa ausencia de ridículo?
Muchos objetarán alegando a la falta de ridículo de los norteamericanos, o a su estereotipado “infantilismo”, o incluso habrá algunos que lo vean con el filtro del juicio ideológico. Y quizá las dotes comunicativas de estas personas sean tan excepcionales que puedan crecerse en estas ocasiones y conseguir un efecto positivo en el público, o por lo menos, nos lleva a plantearnos un debate sobre las capacidades comunicativas de nuestros líderes o, visto desde otro ángulo, nuestro excesivo rigor ibérico en lo alto de la tribuna.
Y cuando hablamos de líderes nos referimos a los modelos que hemos tenido en nuestra infancia y juventud (padres, maestros, profesores, representantes de iglesias, conferenciantes, políticos, jefes…) hasta los que hoy desbordan los medios de comunicación o con los que convivimos día a día, es decir, responsables de equipos, directivos, etc. . Todo aquel que se dirige a un grupo con ánimo de influir o convencer.
Nuestros líderes hispanos, sea el ámbito que sea, siguen unos patrones establecidos por la cultura, la educación y modelos anteriores donde el uso de la corporalidad, el humor o la convicción a través de las emociones quedan bastante alejados de su forma de pensar y actuar.
Por poner otro ejemplo, en simposios y congresos encontramos grandes diferencias entre un ponente español y uno extranjero: En uno de ellos recuerdo a un público regocijado con un ponente irlandés, Feargal Quinn[1] que al poco de comenzar se quitó la chaqueta y se la arrojó al público aduciendo lo aburrido que era estar así vestido detrás del atril. Luego continuó con su presentación jugando a sacar objetos desde detrás del atril y lanzarlos a un público divertido durante su ponencia. Durante el mismo evento, otro conferenciante extranjero no dejó de pasearse por los pasillos para hablar de innovación, el escenario no era el lugar para departir sobre ese tema. Solo un ponente español se atrevió a salir del estrado y pasearse por el escenario durante su intervención. El resto se mantuvo en la tarima durante los minutos otorgados, confinando su presencia a un solo punto en el espacio y obligando al público a seguirle sólo desde ese lugar.
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29th sep 2010
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