20oct |
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Escrito por Luis Dorrego
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Y siguiendo con el panorama teatral madrileño, me acerqué a ver una obra ¡tan española!: Días estupendos, escrita y dirigida por Alfredo Sanzol.
Me encanta poder escribir que he visto una obra “española” en 2010 después de estár viendo que los teatros se llenan con tanta imitación consciente e inconsciente de fórmulas foráneas, y en donde la última moda parece ser el escribir como Yasmina Reza, o al menos conseguir los taquillazos de sus obras.
¿Y por qué “tan española”? Primera sorpresa: La obra comienza con una pachanga de pueblo, en las fiestas del pueblo claro, de un pueblo como casi todos los pueblos de este país. La cantante de la orquesta interpreta Mi jaca, modernizándola, copiando Wiked Games de Chris Isaak. Segunda sorpresa: el público parece que no se inmuta.
Por la escena van sucediéndose personajes tan pocas veces frecuentados como un guardia civil de los años 60-70, tan buenazo que admira la permisividad de la Europa de los años 60 y que no castiga el desnudo de la turista, o el mozo -de esos mismos pueblos- que defiende la humanidad de su pariente, aunque haya sido franquista, porque para él ha sido un buen hombre.
Tercera sorpresa: Me emocioné con el corto monólogo de la mujer embarazada que explica a su hijo que “va a nacer para morir” y que eso no se lo podrá decir nunca después, cuando nazca.
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20th oct 2010
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23sep |
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Escrito por Luis Dorrego
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Madrid, 23 de septiembre, Teatro Español. Obra: Todos eran mis hijos, de Arthur Miller.
Un clásico del Naturalismo, un clasico del siglo XX, vamos, un clásico. No hay que perdérselo
Fuí a verlo con el recuerdo de un genial Agustín González en 1988 y creo que desde entonces no se representaba la obra en Madrid. Hoy su personaje lo interpreta un siempre-eterno Carlos Hipólito y el de Berta Riaza en los 80, Gloria Muñoz hoy. Y siempre recordaré a Agustín González de espaldas al espectador comunicando con la espalda y sus manos toda la emoción contenida del personaje durante un eterno silencio: Era estremecedor.
Hoy no es lo mismo. A la entrada ya me preocupó que me dijera el portero que la pieza se representaba en hora y media y me pregúnté si habían acortado el texto tanto como para que durara tan poco, luego pensé que no, que tenía que ver con la dirección. Aunque la obra permanece intacta y los espectadores se siguen emocionando con las vicisitudes de la familia Keller y sus allegados, algo ha cambiado entre estos dos montajes… ¿podría ser el tiempo que ha pasado entre ellos? ¿puede ser el tipo de sociedad que hemos construido o nuestro ritmo al vivir la vida?
Yo creo que también es el miedo al silencio, al silencio revelador, al silencio de la genuina comunicación.
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23rd sep 2010
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23ago |
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Escrito por Luis Dorrego
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Dedicado a los más jóvenes (y para otros un poco alejados del teatro): Joe Orton fue un revolucionario dramaturgo de los años 60 del siglo pasado y un ejemplo de cirujano que abrió sin anestesia los intestinos de nuestra sociedad para que pudieramos profundizar en sus contradicciones y falsedades .
Nacido en 1933, murió en 1969 por los martillazos en la cabeza que le propinó su compañero Kenneth Halliwell, que se quitó la vida con la ingestión de una dosis de barbitúricos. Halliwell, mayor que su pareja, se había sentido aislado y amenazado por el éxito de Orton en los últimos años de relación, ya que desde su encuentro en 1951, donde se conocieron estudiando interpretacion en la Royal Academy of Dramatic Art (RADA), Halliwell se habia considerado el mentor de Joe. La turbulenta relación mantenida entre ambos amantes fue objeto de una obra biográfica escrita por el periodista John Lahr, obra que enseguida se convirtió en un best-seller y que sirvió de base al director británico Stephen Frears para realizar su brillante película Ábrete de orejas (Prick Up Your Ears, 1986) (http://es.wikipedia.org/wiki/Joe_Orton) Seguir Leyendo »
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23rd ago 2010
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10ago |
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Escrito por Luis Dorrego
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Con la distancia de pocos días he visto sobre los escenarios de Madrid a Ángel Pavlovsky y a Carlos Do Carmo, ambos ya en la setentena. A ambos los recuerdo con su buen hacer cautivando públicos y convirtiéndose en referencia para muchos. Hoy utilizan su habitual foro para añorar tiempos pasados. Sus quejas, mas o menos veladas, se dirigen hacia la ausencia de continuidad en la tradición en la situación actual, cosa por demás bien cierta. Y paradojicamente, yo que fui a verlos con la intención de ver esa tradición no fácil de encontrar, me descubrí a mi mismo un tanto “moderno” y no tan deseoso de escuchar el lamento sobre la pérdida de ese hilo, sino con ganas de ver en qué ha quedado la evolución de su legado, es decir, con las ganas de ver a los que hayan recogido el testigo, tanto como continuarlo como para romper con el.
Ellos dos, amos de la escena, se saben dinosaurios y se resisten a abandonar el tablado sin dejar al público su arte y su sabiduría, con un poso hoy un tanto amargo. Y esa sensación un tanto agridulce, creo que no permite acercarse a los jóvenes que aún podrían llegar a conocerlos, disfrutarlos y seguir aprendiendo de ellos. La impresión que me ha quedado es que, con mucho “oficio” y con poco espíritu, crean distancia entre su trabajo y la audiencia que estos días ha ido a verlos y aplaudirlos.
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10th ago 2010
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1ago |
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Escrito por Luis Dorrego
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El duque de La Rochefoucauld escribió en el siglo XVII: “Las pasiones son lo únicos oradores que siempre persuaden. Vienen a ser un arte de la Naturaleza cuyas reglas fueran infalibles; y el hombre mas simplemente dotado de pasión persuade mejor que el mas elocuente que no la tenga”.
Terminó el Festival de Almagro entre sinsabores diversos y frío, mucho frío en los escenarios, que no en la localidad manchega. Desde La Fura del Baus, con su estética metalizada un tanto pasada ya, a la Compañía Nacional de Teatro Clásico que continúa con su estética minimalista y distante del espectador, no ha emocionado ningún espectáculo y el Festival ha caído.
De las obras que pude ver se salva sobremanera la pieza dirigida por Ana Zamora que destacó por su sencillez y gran emocionabilidad; os la recomiendo: La Danza de la Muerte.
Allí no hay máscaras posibles, la verdad es una sola: No existe la vida sin la muerte y huir de esta última es un acto más de ignorancia y futilidad. Y esto hace levantarse al público de sus butacas y aplaudir, no solo el trabajo del equipo, sino el simple hecho de devolvernos la idea del destino humano con la hermosa y sencila belleza que solo las obras de arte pueden reflejar y con una elocuencia que fascina.
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1st ago 2010
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